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miércoles, julio 29, 2009

Celebramos a Marta y a María, pero... ¿y Lázaro?

Hola! Después de un largo tiempo, vuelvo a escribir algunas meditaciones que se me ocurren en mis momentos de ocio.

"Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: << Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado >>.
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: << ¡Lázaro, ven afuera! >>. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: << Desátenlo para que pueda caminar >>". (Jn 11, 41-44).

Vagando en Internet llego a una página llamada "Universalis" (www.universalis.com), que contiene la mayor parte del Oficio Divino en inglés (el link se encuentra en uno de los banners de arriba). Dado que hoy celebramos a Santa Marta, el sitio web presenta un pequeño comentario sobre la santa. Pero hay un trozo que me llamó la atención: "But at least Martha and Mary both get celebrated somehow. What about poor Lazarus? He deserves our sympathy for being brought back to life by Jesus so as, later, to have to die all over again. What he thought of being brought back to Earth is not recorded" ("Pero por lo menos Marta y María son celebradas de alguna manera. Qué hay del pobre de Lázaro? Él merece nuestra simpatía por haber sido traído de vuelta a la vida por Jesús para que, más tarde, tuviera que morir otra vez. No hay registro de qué fue lo que pensó al ser traído de vuelta a la Tierra"). ¿Qué se nos ocurre con Lázaro?

Se me viene a la mente un libro de Morris West, titulado apropiadamente "Lázaro", en el que el protagonista, el ficticio papa León XIV, es sometido a una intervención quirúrgica de la que al parecer no sólo se recupera físicamente, sino que también emocional y espiritualmente. ¿Habrá sido algo como eso lo que vivió Lázaro? ¿No será que el evangelista Juan nos quiere mostrar que al encuentro con Jesús incluso aquellos que parecían "muertos" (como León XIV) mutan su corazón de piedra por uno de carne? Por mi parte, prefiero pensar que es sólo una alegoría propuesta por Juan como parte de su reflexión teológica para mostrar cómo Dios es dueño de la vida y de la muerte, como diciendo: en verdad Él es Señor y Dador de Vida en cuanto Dios (el hecho de no pensar que Jesús, por decirlo de alguna forma, efectivamente resucitó "históricamente" a Lázaro no quita la fe en el señorío de Dios sobre la vida). Pero no deja de ser tentadora la idea de pensar: ¿y si fuera cierto que Jesús resucitó a Lázaro? Así, surge una idea y una esperanza de "resurrección" que quizá no es completamente precisa (pues se enfoca en una resurrección para una vida que después vuelve a morir), pero que por lo menos es un anticipo de lo que será la fe en la resurrección de los muertos y su significado: que Dios es Señor de Vida y que la resurrección que nos dará al fin de los tiempos es definitiva y no nos veremos enfrentados de nuevo a la muerte. Notemos que Lázaro, después de ser resucitado por Jesús, murió de nuevo. Si no, lo veríamos deambular por ahí, anunciando cómo el Señor le devolvió la vida. Así, la resurrección de Lázaro no es la misma resurrección de Jesús a la que nosotros tendemos: la primera es vida perecedera que vuelve a vida perecedera; la segunda, es vida perecedera que pasa a ser vida incorruptible.

Pero ¿no será que el texto nos quiere enseñar que Jesús tiene poder para devolver la vida física pero también la espiritual? Quizá la muerte que Lázaro experimentó fue la muerte del pecado, y fue esa muerte de la cual Lázaro fue rescatado. De esta manera, se remarca la divinidad de Jesús como aquel que tiene potestad para perdonar los pecados, de la misma manera como se muestra en el episodio del paralítico (Mt 9, 2-7).
Por otro lado, en este texto de san Juan se busca mostrar que Jesús es Dios y hombre: su humanidad se ve en que, al saber que su amigo había muerto, Jesús lloró (Jn 11, 35), Jesús comparte con nosotros nuestra condición de humanos que comen, ríen, viven, lloran, sienten la pérdida de un amigo; y su divinidad se ve en que tiene el poder de devolver la vida, que Él es la última palabra ante la inmensa y abismante realidad de la muerte. Realmente, Él es "el Camino, la Verdad y la VIDA" (Jn 14, 6). A mi parecer, todos estos sentidos son válidos y ninguno es excluyente.

Por último, junto con León XIV me pregunto: ¿Lázaro habrá lamentado que Jesús lo hubiera resucitado? Quién sabe; eso depende de lo que él hubiera experimentado "al otro lado". ¿Habrá preferido el "más allá" o la compañía de sus hermanas y de Jesús? Pero de la experiencia de Lázaro podemos sacar una lección importante: el Señor se hace presente, a veces antes, a veces después, pero siempre interviene en nuestras vidas, de maneras muchas veces insospechadas.