La Biblia
¿Qué libro fue el último que has leído? Quizás me puedas nombrar Los bufones de Dios, de Morris West, o bien Sub Sole, de Baldomero Lillo, o quizás Fray Perico y su borrico.
Pero hay uno que probablemente nunca has leído entero, quizás debido a que es muy largo, o difícil de entender, o para ti no trate ningún tema interesante. Y ese libro es la Biblia.
La Biblia no es un libro para leer y aceptar lo que dice sin más; la Biblia es un libro para reflexionar cuál es el mensaje que nos quiere dejar. Hay muy pocas partes que deben entenderse literales (v.gr.: la Institución de la Eucaristía), pero en su mayor parte debe interpretarse adecuadamente.
Un error en el que caían, por ejemplo, los llamados creacionistas, era considerar la Creación tal como era narrada en el Génesis, oponiéndose a la teoría de Darwin. Ahora vemos que no debe haber esa escisión típica de tiempos pretéritos entre religión y ciencia, como ocurrió entre Galileo Galilei y el Santo Oficio (la actual Congregación para la Doctrina de la Fe). La Biblia no es un libro de ciencias, de historia o un catecismo que hay que seguir al pie de la letra, como los protestantes.
Para entender correctamente el mensaje de la Biblia, hay que aplicar un recurso muy útil llamado hermenéutica, que es sinónimo de exégesis, que es la manera correcta de interpretar lo que la Biblia nos expone.
La Biblia posee un sentido salvífico, es decir, fue escrita "para nuestra salvación", como afirma en la Dei Verbum el Concilio Vaticano II. Pero lo más importante en la interpretación de las Escrituras es que sólo contienen aquéllo que es útil para nuestra salvación; no contienen enseñanzas de ciencias, de historia (si bien contienen hechos históricos reales) o de otra materia que no sea la referente a la religión. Y debe ser interpretada en función de los llamados géneros literarios, como el histórico (ejemplo: Libro de los Reyes), poético (Cantar de los Cantares, Salmos), sapiencial (Proverbios), mitológico (Relato de la Creación, Génesis), legendario ("Sansón y el león", del libro de los Jueces), profético (Profetas Mayores y Menores, Apocalipsis) y epistolar (Cartas de Pablo, cartas católicas). Y los Evangelios son una amalgama de géneros:
el relato de la Eucaristía, en Mateo 26, por ejemplo, junto al relato de la Crucifixión, histórico con un contexto, significado y trasfondo importantísimos, seguido del relato de la rasgadura del velo del Templo, el eclipse y la resurrección de los justos (cfr. Mt 27).
La Biblia nunca va a pasar de moda. No es como el último best seller, que está hoy en vitrina, pero que algún día estará en una bodega. La Biblia tiene un mensaje siempre vigente, ya que habla sobre la forma en que el Hombre se relaciona con Dios, responde a su llamado y se acerca a Él. La Biblia trata una temática siempre presente, que no pasará mientras este mundo no pase, ya que de hecho pasará. Y en la Biblia está el registro patente de este suceso y su anuncio (Evangelios "Sólo el Padre sabe el día y la hora", textos escatológicos, Apocalipsis).
Pero hay uno que probablemente nunca has leído entero, quizás debido a que es muy largo, o difícil de entender, o para ti no trate ningún tema interesante. Y ese libro es la Biblia.
La Biblia no es un libro para leer y aceptar lo que dice sin más; la Biblia es un libro para reflexionar cuál es el mensaje que nos quiere dejar. Hay muy pocas partes que deben entenderse literales (v.gr.: la Institución de la Eucaristía), pero en su mayor parte debe interpretarse adecuadamente.
Un error en el que caían, por ejemplo, los llamados creacionistas, era considerar la Creación tal como era narrada en el Génesis, oponiéndose a la teoría de Darwin. Ahora vemos que no debe haber esa escisión típica de tiempos pretéritos entre religión y ciencia, como ocurrió entre Galileo Galilei y el Santo Oficio (la actual Congregación para la Doctrina de la Fe). La Biblia no es un libro de ciencias, de historia o un catecismo que hay que seguir al pie de la letra, como los protestantes.
Para entender correctamente el mensaje de la Biblia, hay que aplicar un recurso muy útil llamado hermenéutica, que es sinónimo de exégesis, que es la manera correcta de interpretar lo que la Biblia nos expone.
La Biblia posee un sentido salvífico, es decir, fue escrita "para nuestra salvación", como afirma en la Dei Verbum el Concilio Vaticano II. Pero lo más importante en la interpretación de las Escrituras es que sólo contienen aquéllo que es útil para nuestra salvación; no contienen enseñanzas de ciencias, de historia (si bien contienen hechos históricos reales) o de otra materia que no sea la referente a la religión. Y debe ser interpretada en función de los llamados géneros literarios, como el histórico (ejemplo: Libro de los Reyes), poético (Cantar de los Cantares, Salmos), sapiencial (Proverbios), mitológico (Relato de la Creación, Génesis), legendario ("Sansón y el león", del libro de los Jueces), profético (Profetas Mayores y Menores, Apocalipsis) y epistolar (Cartas de Pablo, cartas católicas). Y los Evangelios son una amalgama de géneros:
el relato de la Eucaristía, en Mateo 26, por ejemplo, junto al relato de la Crucifixión, histórico con un contexto, significado y trasfondo importantísimos, seguido del relato de la rasgadura del velo del Templo, el eclipse y la resurrección de los justos (cfr. Mt 27).
La Biblia nunca va a pasar de moda. No es como el último best seller, que está hoy en vitrina, pero que algún día estará en una bodega. La Biblia tiene un mensaje siempre vigente, ya que habla sobre la forma en que el Hombre se relaciona con Dios, responde a su llamado y se acerca a Él. La Biblia trata una temática siempre presente, que no pasará mientras este mundo no pase, ya que de hecho pasará. Y en la Biblia está el registro patente de este suceso y su anuncio (Evangelios "Sólo el Padre sabe el día y la hora", textos escatológicos, Apocalipsis).

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