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sábado, enero 20, 2007

Pequeña reflexión sobre Dios

El Hombre, a lo largo de la Historia, ha llamado a Dios de muchas maneras: Yahvé, Jehová, Alá, Dios Padre, Energía Creadora, etc, además de usar los adjetivos propios de la Divinidad: Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente, Creador, etc.
Los católicos creemos en un Dios que son Tres Personas en un sólo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios, según la doctrina cristiana, son Tres Personas en un sólo Dios, siendo el Hijo Jesucristo la Segunda Persona y el Espíritu Santo la Tercera. Personas distintas, pero UN SOLO DIOS.

Ahora, no para todas las religiones existe un Dios: para los budistas, no existe dios; para los hindúes, los griegos, los romanos y la mayoría de las culturas y civilizaciones antiguas, existía una pluralidad de dioses y diosas, cada una dedicada a una elemento o aspecto de la Naturaleza, tanto humana como natural. Por ejemplo, el dios Ares de los griegos representaba el lado cruel y guerrero de los hombres; el dios Poseidón representaba el poder del mar, etc. Para las religiones politeístas en general, los dioses podían relacionarse entre sí y procrear otros dioses, o con seres humanos, dando origen a semidioses; esto es, poseían el poder de crear, pero siempre dominaba un dios todopoderoso que lo creó todo en el principio. También estos dioses poseían virtudes y defectos, como los hombres: eran deidades humanizadas.
Para las religiones monoteístas, en cambio, existe un único dios, creador de todo.

El hombre ha creado una ciencia que "estudia" a Dios: la Teología (del griego Teos, dios, y Logos, estudio). "Estudia" entre comillas, ya que no es posible analizar a Dios como una muestra de laboratorio. La teología se acerca más a la filosofía, y en sus inicios la teología se servía de la filosofía. También existe la teodicea, pero ésta es más "científica", más racional. En la teología hay una cierta dosis de fe...

Para nosotros como cristianos, "Dios es Amor" (1 Jn 4, 8). Pero entonces, ¿por qué permite Dios tanto sufrimiento en el mundo? Pues bien, este tema ha sido usado por Dan Brown, en su novela
Ángeles y Demonios, en el cual el autor otorga una "respuesta", por medio de una parábola: si tuvieras un hijo que quiere andar en monopatín, ¿no le permitirías caerse para que aprendiera a andar bien? (Ver más abajo).

Surge además otra duda: ¿no son las distintas religiones monoteístas distintas maneras de adoración al mismo dios? Si es así, ¿por qué se revela de diferentes formas a las distintas religiones? Consideremos el caso de las religiones judía, islámica y cristiana: las tres surgieron en un territorio geográfico similar, si usamos el argumento de que Dios tendría que revelarse en distintas partes del globo, pero las hierofanías (manifestaciones de Dios a los hombres) son distintas. Hasta el nombre que se le da a Dios es distinto.
Pues bien, en respuesta a esa objeción, podemos decir que: NO, no son las distintas religiones monoteístas distintas maneras de adoración al mismo dios. La Revelación que Dios hizo en la Sagrada Escritura es muy distinta a la doctrina coránica, y la religión judía se quedó sólo con el Antiguo Testamento, dejando de lado la venida de Jesucristo. Esta pregunta apunta hacia un peligro en el camino ecuménico: el riesgo de un sincretismo entre las religiones monoteístas.
La Iglesia católica cree (y nosotros con ella) que el catolicismo es la única que cree en el Dios Verdadero. El aforismo "Extra Ecclesia nulla salus" (Fuera de la Iglesia no hay salvación) expresa la creencia en este dogma de fe.

Pero, ¿y qué pasa con las personas que no son creyentes? Pues bien: desde mi punto de vista personal, el ateísmo y el agnosticismo no llevan a ningún lado. El Hombre tiene la necesidad de creer en algo superior a él. Creo que el no creerlo conlleva a la convicción, falsa e irreal, de que el hombre es, o llegará a ser como Dios, es decir, Todopoderoso: podrá controlar la vida y la muerte, derechos exclusivos de Dios; podrá crear lo que desee, acarreando las consecuencias correspondientes; o que el hombre, aunque no llegue a ser omnipotente, no necesita algo en que creer, algo a qué aferrarse. Aún así, el hombre es bastante arrogante: le echa la culpa de todo a Dios: "Por qué a mí, Dios" o "Qué hice, Dios mío, para merecer esto". Aquí, por consiguiente, aparece la idea de un dios castigador, un dios vengativo.
Pero no, Dios no es vengativo: Dios, al ser perfecto, no posee defectos, como la ira, el enojo o la sed de venganza, características propias del ser humano. Es más, Dios es misericordioso y compasivo en extremo; nos otorga la libertad de hacer lo que deseemos, regidos, eso sí, por la conciencia, y Dios respeta nuestras decisiones, aun con su poder ilimitado,

Según la Biblia, Dios nos creó a su imagen y semejanza. Entonces, ¿por qué tenemos defectos?
El Hombre posee defectos por consecuencia del pecado original. Y éste es el que nos incita a pecar y a "usar" los defectos. Pero aquí hay que entender bien a qué se refiere la Biblia con "a su imagen y semejanza". Dios nos creó así, con capacidad de decisión y libertad consciente de opción. Esa es la "imagen y semejanza" de la que habla la Biblia. Y es la conscupicencia la que da origen a los defectos y a todo lo que da origen al pecado. Y esta es la respuesta al tema del sufrimiento en el mundo: Dios respeta nuestra libertad, con motivo de su esencia de Amor.
Además, si bien Dios es superior a nosotros, nosotros somos imagen de Dios. Así lo afirma Jesús: "Jesús les contestó: ¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo les digo: ustedes son dioses? Se llama, pues, dioses, a estos que reciben la palabra de Dios; y no se puede dudar de la Escritura" (Jn 10, 34-35)

Con el paso del tiempo, han surgido "nuevas religiones" o sectas: los Niños de Dios, los Mormones, los Testigos de Jehová, etc, todos con su particular estilo de ver a Dios. También los masones: ellos creen en la existencia de un "Gran Arquitecto", o un dios que no ha sido conocido aún, un dios ignoto.

Para finalizar, un pequeño análisis filológico: las lenguas romances (italiano, español, etc) provienen del latín. Del latín Deus provienen Dio (italiano), Dios (español), y Dieu (francés). De la palabra Dominus proviene el verbo dominar, por ejemplo.

Dios es un motivo de pensamiento y reflexión para el hombre, y siempre lo ha sido. Y no cabe duda que siempre lo será.