Universalis Catholic Hierarchy ACI Prensa

martes, febrero 20, 2007

In tempore Quadragesimae

Este miércoles empezamos la Cuaresma. Cuarenta días de penitencia y oración, de reflexión e interioridad, preparándonos para la adveniente Semana Santa.
Su Santidad Benedicto XVI se refiere a la Cuaresma como "los 40 días para experimentar la locura del amor de Dios". Y vaya locura la de dejarse matar por nosotros...
Estos cuarenta días, en los cuales la liturgia adopta el color morado y omite el Gloria y el Aleluya indicando austeridad y penitencia, están dedicados por la Iglesia a la sencillez, a la mortificación y a la caridad. Imitamos a Cristo en el desierto durante 40 días de privaciones y oración, para una mayor sintonía con Dios en el trascendental período de tiempo que es la Semana Santa, para estar abiertos y dispuestos a los cambios y exigencias que nos pide la vida cristiana, para comprender de una vez por todas que el misterio pascual no es un misterio de tristeza ni sufrimiento, sino de alegría, gozo y esperanza: nuestra liberación de las ataduras del pecado gracias a la muerte redentora de Jesucristo.
Empezamos la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. En este día, la Iglesia celebra un sacramental dentro de la liturgia: la imposición de la ceniza. Se traza una cruz en la frente de la persona, diciendo: "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Recuerda que eres mortal, que tu perspectiva final es la muerte, pero gracias a Cristo crucificado y Resucitado, ya no es más la muerte eterna, sino la muerte como paso hacia Dios. Recuerda que no puedes escapar a tu condición humana pecadora y mortal, pero que en esta misma condición se te otorga la posibilidad de la comunión eterna con Dios. Gracias a Jesucristo, la muerte no debe ser más motivo de tristeza ni de sufrimiento, sino motivo de gozo y alegría.
Luego del Miércoles de Ceniza y el Primer Domingo de Cuaresma, se siguen cinco semanas, en medio de las cuales el IV Domingo de Cuaresma, el llamado Domingo de Laetare, interrumpe el morado en la Liturgia y cambiándola por el rosado, anticipándonos que la alegría ya viene (su nombre procede de la Liturgia misma de ese día, ya que el Introito comenzaba "Laetare, Hierosolyma...", que en latín significa "Alégrate, Jerusalén..."), que el fin de la penitencia ya se asoma y que lo que ha de venir, con toda seguridad vendrá.
Y la Cuaresma concluye con el Domingo de Ramos, el Domingo en el cual Jesús es recibido glorioso entre cánticos y ramos de olivos. Este es el primer día de Semana Santa.

La Cuaresma son 40 días en los cuales debemos meditar sobre la gracia de haber recibido al Redentor, el sacrificio que Él hizo por nosotros y el Amor conque nos amó y por el cual murió.
Sin duda es, en palabras del Papa, "la locura del amor de Dios".