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domingo, marzo 25, 2007

"Aquel de vosotros que esté sin pecado, que tire la primera piedra" (Jn 8, 7)

Hola. Después de estar un tiempo fuera de mi blog, he vuelto. Y vuelvo después de un mes complicado personalmente. Pero ésa es otra historia.
Vuelvo el V Domingo de Cuaresma. Hay cuatro cosas que recordar hoy. La primera es que hoy es el último Domingo de Cuaresma y la próxima semana es Domingo de Ramos, y con ese Domingo iniciamos Semana Santa. ¡Qué rápido se nos fue la Cuaresma!
Lo segundo es que hoy, 25 de Marzo, es la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Pero este comentario se referirá exclusivamente al Evangelio del V Domingo de Cuaresma. La Solemnidad se ha trasladado al Lunes, así que quizá escriba un comentario mañana sobre la Solemnidad.
Lo tercero es que hoy, en las Iglesias Orientales sobre todo de Grecia, se celebra la fiesta del Akathistos, un canto a la Santísima Virgen, cuyo nombre significa "de pie", haciendo alusión a un canto que es efectuado hoy en las Iglesias de Oriente, cantado de pie. Este himno único consta de dos partes: una composición litúrgica de doce estrofas y una composición dogmática de igual cantidad de estrofas. Tiene la particularidad de haber permanecido presente en las iglesias católicas de rito oriental y en las iglesias ortodoxas, como signo de unidad junto a la Madre del Redentor. Procede del siglo V.

Y finalmente lo cuarto es la reflexión que hacemos a partir del Evangelio de hoy. Tomado de San Juan, capítulo 8, versículos del 1 al 11, nos narra la historia de la mujer adúltera.
"Y Jesús se fue al Monte de los Olivos. Por la mañana reapareció en el Templo y todo el pueblo vino a Él, y sentándose les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos llevaron una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, le dijeron: 'Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?' Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo" (Jn 8, 1-6). Aquí los fariseos quieren poner a Jesús en una trampa. Si Él dice que hay que apedrearla, iría en contra de las disposiciones de la ley romana impuesta en Judea por los invasores romanos, y por ello podría ser tomado preso. Y si dice que no hay que apedrearla, iría en contra de la ley de Moisés.
Pero Jesús responde como sólo Él habría sabido hacerlo. Y responde poniéndose de ninguno de los dos bandos, sino del bando de Dios.
"Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: 'Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella'. E inclinándose de nuevo, se puso otra vez a escribir en el suelo" (Jn 8, 7-8). Así es. Jesús nos enseña que no somos superiores a ninguno de nuestros hermanos y no poseemos autoridad para acusar a nadie. Todos estamos sujetos al pecado, y no somos nadie para enrostrárselo a nadie. Sólo Dios puede hacerlo, y la hará en su calidad de Juez en su Segunda Venida.
"Ellos, después de oír aquello, se fueron uno por uno, comenzando por los más viejos, hasta los más jóvenes, y quedó Él solo, con la mujer que estaba en medio. Entonces Jesús, levantándose, le dijo: 'Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te condenó?'. 'Ninguno, Señor', respondió ella. Y Jesús le dijo: 'Yo no te condeno tampoco. Vete, desde ahora no peques más'" (Jn 8, 9-11). Jesús es misericordioso con nosotros: comprende nuestras debilidades y las acepta como parte de nuestro ser integral, ya que así nos ama: íntegra y totalmente. Pero nos pide esta condición: "No vuelvas a pecar". Es decir, no nos separemos más de Dios, no nos alejemos de Él ni le rechacemos.

Con este Domingo iniciamos la recta final hacia el memorial de nuestra Redención. La semana más importante para el cristianismo está ad portas. Y con ella, debe estar a la puerta nuestro cambio de mente, de pensamiento y de actitud, para recibir a un Dios que, por amor a nosotros, se hace hombre, sufre y muere en la Cruz.