Hace poco...
Hace poco retomé la lectura de "Jesús de Nazaret" de Benedicto XVI. Si bien no continuaré ahora con el comentario que empecé hace un tiempo, quisiera hacer notar dos cosas que encontré en el texto, y que me llegaron profundamente.
Primero, sobre la reconciliación, ampliándolo luego a la Redención:
"La ofensa es una realidad, una fuerza objetiva que ha causado una destrucción que se ha de remediar. Por eso el perdón debe ser algo más que ignorar, que tratar de olvidar. La ofensa tiene que ser subsanada, reparada y, así, superada. El perdón cuesta algo, ante todo al que perdona: tiene que superar en su interior el daño recibido, debe como cauterizarlo dentro de sí, y con ello renovarse a sí mismo, de modo que luego este proceso de transformación, de purificación interior, alcance también al otro, al culpable, y así ambos, sufriendo hasta el fondo el mal y superándolo, salgan renovados".
Segundo, sobre la prueba y la tentación, en el marco de la penúltima petición del Padre Nuestro, "no nos dejes caer en tentación"; una reflexión que puede resultar una bonita oración:
"Sé que necesito pruebas para que mi ser se purifique. Si dispones esas pruebas sobre mí, si- como en el caso de Job- das una cierta libertad al Maligno, entonces piensa, por favor, en lo limitado de mis fuerzas. No me creas demasiado capaz. Establece unos límites que no sean excesivos, dentro de los cuales pueda ser tentado, y mantente cerca con tu mano protectora cuando la prueba sea desmedidamente ardua para mí".
Dos profundas ideas del Papa en su libro "Jesús de Nazaret". Pronto continuaré mi comentario al mismo libro.
Primero, sobre la reconciliación, ampliándolo luego a la Redención:
"La ofensa es una realidad, una fuerza objetiva que ha causado una destrucción que se ha de remediar. Por eso el perdón debe ser algo más que ignorar, que tratar de olvidar. La ofensa tiene que ser subsanada, reparada y, así, superada. El perdón cuesta algo, ante todo al que perdona: tiene que superar en su interior el daño recibido, debe como cauterizarlo dentro de sí, y con ello renovarse a sí mismo, de modo que luego este proceso de transformación, de purificación interior, alcance también al otro, al culpable, y así ambos, sufriendo hasta el fondo el mal y superándolo, salgan renovados".
Segundo, sobre la prueba y la tentación, en el marco de la penúltima petición del Padre Nuestro, "no nos dejes caer en tentación"; una reflexión que puede resultar una bonita oración:
"Sé que necesito pruebas para que mi ser se purifique. Si dispones esas pruebas sobre mí, si- como en el caso de Job- das una cierta libertad al Maligno, entonces piensa, por favor, en lo limitado de mis fuerzas. No me creas demasiado capaz. Establece unos límites que no sean excesivos, dentro de los cuales pueda ser tentado, y mantente cerca con tu mano protectora cuando la prueba sea desmedidamente ardua para mí".
Dos profundas ideas del Papa en su libro "Jesús de Nazaret". Pronto continuaré mi comentario al mismo libro.
