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miércoles, diciembre 20, 2006

Del Amor verdadero

El amor verdadero, sentimiento tan vago y tan noble, tan cercano y tan desconocido, tan divino y tan humano, tan leal y tan mezquino… qué es?

El amor puede tomar muy diversas formas: amistad, pololeo, relación de pareja, etc. Pero una característica inalienable del amor es que no es individual: el amor excesivo a sí mismo (narcisismo) no fructifera, ya que para que el amor produzca frutos necesita de otro que nos ceda características nuevas, ajenas al ser que ama. De por sí, el amor a sí mismo no es malo, pero cuando éste se cierra al amor con otro, se vuelve enfermizo, patológico, estéril.

Sólo Dios ama gratuitamente. Y los Santos son medios del amor de Dios. Pero el Santo por excelencia es Jesús. ¿Quién mejor que Dios conoce el amor de Dios? El Hijo es el fruto del amor del Padre.

El amor verdadero, así como posee infinitas cualidades, carece de ciertas cosas: carece de miedos, de intolerancia, de complejos, de indiferencia, de ataduras excesivas, de actitudes enfermizas, de egoísmo, de deseo, de desconfianza, y un largo etcétera.
Claro está que, con el tiempo, estas carencias se van arraigando y van creciendo.

El amor es como un árbol cuyos frutos son nobles en esencia, pero son factibles a corromperse. Pero el Amor verdadero es el único árbol cuyos frutos son incorruptibles. Y, a pesar de que los árboles sean escasos, los frutos son siempre abundantes.

Dios nos dio la capacidad de amar. Por ello somos hechos a su imagen y semejanza: con libertad de actuar y de amar. Pero Él es el único que posee un amor infinito e inherente a su naturaleza, un amor que no tiene miedos, que respeta, que ama por amar y no espera nada a cambio.
Personalmente, creo que el amor de Dios se expresa en el perdón. En el acto redentor nos perdonó por amor, y sobre todo en los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación. En la Eucaristía, Jesús se hace pequeño por amor a nosotros; y en la Reconciliación, Dios nos acoge nuevamente como hijos pródigos, recibiéndonos en la dulzura de una concordia filial. Y es el amor de Dios el más puro amor verdadero.

lunes, diciembre 11, 2006

¿Quod est amor?

"Dios se manifiesta a quien Le busca con dedicación y constancia"

¿Qué nos dicen estas palabras? ¿Qué nos quieren decir a cada uno?

Lo importante de este mensaje es cómo el hombre ve a Dios y va hacia Él: a través del Amor y la Constancia. Y lo ve quien lo busca siguiendo esta pauta: quien lo busca constantemente, sin desánimo, y todos los días, aún cuando no tenga ganas. Y con Amor: esto es, incondicionalmente.

Porque el Sentido del Amor es la entrega al otro, sin condiciones, ataduras ni secretos: el Amor es libre.
El desear a alguien NO es amor: es supeditar al otro a satisfacer un impulso biológico.
El retener a alguien a mi lado NO es amor: es egoísmo.
El ocultarle algo a mi pareja NO es amor: es malicia, signo de desconfianza y miedo.

Porque el que sólo desea a su pareja, NO LA AMA: es su pareja, pero no le profesa un amor verdadero.
El que retiene a su lado a su lado a su pareja a la fuerza, NO LA AMA: le impide madurar y quizá rehacer su vida afectiva.
El que le oculta algo a su pareja, NO LA AMA: le mantiene oculta una parte de su vida, quizá un potencial factor importante en la vida de pareja, además de ser un signo de desconfianza y de miedo.

Por eso, el Amor es el más grande de los sentimientos: porque es libre.
Si yo amo a alguien, no le deseo: respeto su libertad y su integridad.
Si yo amo a alguien, no le retengo a mi lado obligadamente: comprendo que si desea otra cosa, es por su bien.
Si yo amo a alguien, no le miento: sé que si me ama también me entenderá y me aceptará tal como soy, sin condicionamientos.

Pero ojo: cada relación es particular. Mas no es el Amor el que cambia: es la relación en sí misma la que varía en función de la diversidad del hombre.

El Misterio Pascual, fuente de vida eterna

Introducción:

"Dios es Amor" (1 Jn 4, 8). Y Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es que haya tres dioses, sino que la sustancia (el constituyente esencial de algo para que ese algo sea lo que es) divina es una sola, y es compartida por el Padre, por el Hijo y por el Espíritu Santo. Por ello el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Paráclito es Dios, pero no hay tres dioses: porque comparten la única sustanca divina, que es el Amor. Asimismo, el Padre, por ser Dios, es Señor; el Hijo, por ser Dios, es Señor; y el Espíritu, por ser Dios, es Señor. Pero como nos dice San Atanasio en el Símbolo Quicumque: "No hay tres dioses, sino un solo Dios; no hay tres Señores, sino un solo Señor; no hay tres Padres, sino un solo Padre; no hay tres Hijos ni tres Espíritus Santos, sino un solo Hijo y un solo Espíritu Santo."


Sine morte, cum vita in Christo. Estas palabras nos hablan de salvación, de vida eterna; como una "fuente de vida eterna, sus aguas, aguas que brotan inagotables" (Himno de Pentecostés). Esta fuente es Cristo, quien, con su acto redentor, nos abre el Cielo y nos deja aptos para beber de esa fuente, la verdadera fuente de Vida.

Cristo, con su muerte, "y muerte de cruz" (cfr. Flp 2, 8), transformó el sentido de ésta: de un instrumento de suplicio y de muerte, pasó a ser el instrumento de salvación y de redención, desde donde fluye la misericordia de Dios.

Sin duda, las circunstancias en las cuales se desarrolló el acto redentor son muy específicas y no son casuales: la Pascua Judía (Pesaj); la celebración del Paso de la esclavitud a la libertad, es una analogía a nuestra Pascua: pasamos de la esclavitud del pecado a la libertad de la Vida Eterna; y Jesús cumple las funciones de un Moisés: es quien nos guía y nos libera; y el momento en el que se cumplen las profecías: "at ubi venit plenitudo temporis, misit Deus Filium suum, factum ex muliere, factum sub lege (pero cuando vino la plenitud de los tiempos, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley)" (Gal 4, 4). Y Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino que por su inmenso amor al mundo, le envió para redimirlo.

El Misterio Pascual es la más grande prueba, el mejor testimonio dela sustancia de Dios: el enviar a su Hijo muy amado para que muriera por nosotros.

Dios no es alguien sanguinario o sádico que quería ver a su Hijo sufriendo ensangrentado y escarnecido. Dios quería que Jesús fuera consecuente con el Mensaje del Amor que vino a proclamar. Y dar la vida por sus amigos y por la humanidad es la prueba más grande de amor: "Yo Soy el Buen Pastor, el Buen Pastor da la vida por sus ovejas" (Jn 10, 11).
El Amor de Dios fue tan fuerte, que en vez de odiarnos por matar a su Hijo, nos perdonó y derramó Su Misericordia, ya que la Cruz fue la lección máxima del Mensaje de Cristo: el dar la vida por amor. Así, Jesús fue consecuente con su mensaje y con su sustancia, tanto divina (siendo verdadero Dios) como humana (siendo verdadero hombre).

Por medio de la Pasión redentora del Hijo, el Amor de Dios fue derramado en el mundo, así como el perdón para con nosotros por los pecados cometidos desde el pecado original.