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sábado, abril 07, 2007

El Triduo Pascual

El núcleo del Año Litúrgico. Es en este período de tres días en los que se suceden los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, y con ellos los misterios de nuestra Redención.
Se inicia el Jueves Santo, con la Misa "in Coena Domini". Aquí, se recuerda la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, así como del mandato nuevo: "Ámense los unos a los otros como Yo les he amado" (Jn 15, 12). El servicio y la caridad son los valores destacados por Cristo en este día, con el sacerdicio y el lavado de pies (servicio) y la Eucaristía (caridad).

El día siguiente, Viernes, rememoramos la Pasión y Muerte de Cristo. En este día y el siguiente, Sábado, la Iglesia se abstiene de la celebración de la Eucaristía.
Hoy la liturgia adora la Santa Cruz en la que Cristo muere y por la que el Padre nos concede el perdón de los pecados. Se lee la Pasión según san Juan, y se procede a orar por el resto del mundo, por nosotros y las intenciones generales de la Iglesia en la Oración Universal. Se sigue el rito de la Adoración de la Cruz, y el rito de la Comunión.

El día Sábado se conmemora el silencio de Cristo en el sepulcro. Este silencio es roto solamente por la Vigilia Pascual, en la noche, donde se comienza a celebrar con alegría la certeza de la Resurrección Gloriosa de Jesucristo. En esta liturgia, "madre de todas las liturgias" (San Agustín), se rezan las Letanías como testimonio fiel de la creencia en la Comunión de los Santos, se renuevan las promesas bautismales y se celebra la víspera de la Misa de Pascua de Resurrección.

Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son el suceso más importante de la Historia y de la Vida de la Iglesia. Estos nos hacen actores protagónicos de la Redención efectuada por Cristo, y nos permiten ser revividos en Cristo el día domingo. Es la certeza de la Resurrección la que debe reavivarnos este Domingo de Resurrección y hacer que nos entreguemos a Jesús para, verdaderamente, resucitar con Él.