Una reflexión sobre la Cruz y la Redención
La Cruz fue (y ES) el momento más importante y extraordinario de la Historia de Salvación. Aquí se hace verdad aquella frase de Nietzsche: "Dios ha muerto". Sí, Dios murió, y nosotros Le matamos. Por nosotros fue que murió.
La vida de Cristo fue un camino irrevocable hacia la Cruz. Aun cuando san Pedro le insinuó el no ir a Jerusalén para la Pascua (sabiendo que podía ser capturado), Jesús le recrimina y le dice que no lo tiente: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, pues tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres!" (cfr. Mt 16, 23). El pensamiento del hombre es un pensamiento egoísta, que piensa en el bienestar de mí mismo. El pensamiento de Dios, en cambio, es un pensamiento generoso, de entregarse, de salir al encuentro del hombre.
La Teología de la Cruz busca hacer un análisis de lo que significa para la Historia de la Salvación el acto redentor de Cristo en la Cruz. Pero, creo que no hay teología posible que se desligue de cualquier hecho importante en la vida de Jesús. Una teología de la Encarnación sin considerar la teología de la Cruz no es capaz de reflexionar completamente sobre Cristo y su misión, y viceversa. Y aún más: ninguna teología puede desligarse de dos aspectos importantísimos de la Revelación: que el sacrificio de la Cruz fue EL acto redentor, y que el amor de Dios fue el que impulsó a Cristo a entregar su Vida. En resumen, la teología no puede abandonar ni la dimensión redentora ni la dimensión amante de la Cruz.
Como acto redentor, la Cruz es el signo de la Nueva Alianza de Dios con el Hombre, Alianza indestructible e indisoluble pues es Dios mismo quien la propone y es Dios mismo quien la ratifica con Su muerte en la cruz.
Como acto de amor, la Cruz es el instrumento con el cual Cristo revela un aspecto importantísimo de Dios: Su gran Amor para con el Hombre, por el cual Él se deja clavar en Cruz y morir por nosotros.
Pero, ¿qué es la Redención? ¿Fue realmente necesaria la Cruz?
El misterio de la Redención es el acto de Jesucristo de liberarnos de la muerte eterna y del pecado, de la esclavitud del diablo sobre nosotros. La muerte de Jesús en cruz fue sobreabundante: nos trae y devuelve la Gracia la amistad con Dios.
Con respecto a la Cruz, podemos pensar que la Cruz no fue necesaria pues Cristo podría haber muerto de otra manera; sin embargo, la muerte de Cristo en cruz fue necesaria. Analicemos dos aspectos:
a) Aspecto histórico: Cristo, al ser condenado a muerte, debía morir en cruz. Ése era el modo de muerte para un judío.
b) Aspecto teológico: La muerte de Cristo en la Cruz fue la conclusión de las profecías del Antiguo Testamento. Los profetas veterotestamentarios anunciaron la muerte del Mesías: por ejemplo, David predijo que el Mesías sería crucificado, mil años antes de Cristo, cuando la crucifixión, en tiempos del rey David, no se conocía, ya que la comenzaron a usar los romanos siglos más tarde. En Isaías leemos: "Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y por sus llagas hemos sido curados" (Is 53, 5).
Vemos que la muerte de Cristo fue totalmente necesaria para la salvación del Hombre. Agradezcamos a Dios por habernos dado a Su Hijo para nuestra salvación.
La vida de Cristo fue un camino irrevocable hacia la Cruz. Aun cuando san Pedro le insinuó el no ir a Jerusalén para la Pascua (sabiendo que podía ser capturado), Jesús le recrimina y le dice que no lo tiente: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, pues tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres!" (cfr. Mt 16, 23). El pensamiento del hombre es un pensamiento egoísta, que piensa en el bienestar de mí mismo. El pensamiento de Dios, en cambio, es un pensamiento generoso, de entregarse, de salir al encuentro del hombre.
La Teología de la Cruz busca hacer un análisis de lo que significa para la Historia de la Salvación el acto redentor de Cristo en la Cruz. Pero, creo que no hay teología posible que se desligue de cualquier hecho importante en la vida de Jesús. Una teología de la Encarnación sin considerar la teología de la Cruz no es capaz de reflexionar completamente sobre Cristo y su misión, y viceversa. Y aún más: ninguna teología puede desligarse de dos aspectos importantísimos de la Revelación: que el sacrificio de la Cruz fue EL acto redentor, y que el amor de Dios fue el que impulsó a Cristo a entregar su Vida. En resumen, la teología no puede abandonar ni la dimensión redentora ni la dimensión amante de la Cruz.
Como acto redentor, la Cruz es el signo de la Nueva Alianza de Dios con el Hombre, Alianza indestructible e indisoluble pues es Dios mismo quien la propone y es Dios mismo quien la ratifica con Su muerte en la cruz.
Como acto de amor, la Cruz es el instrumento con el cual Cristo revela un aspecto importantísimo de Dios: Su gran Amor para con el Hombre, por el cual Él se deja clavar en Cruz y morir por nosotros.
Pero, ¿qué es la Redención? ¿Fue realmente necesaria la Cruz?
El misterio de la Redención es el acto de Jesucristo de liberarnos de la muerte eterna y del pecado, de la esclavitud del diablo sobre nosotros. La muerte de Jesús en cruz fue sobreabundante: nos trae y devuelve la Gracia la amistad con Dios.
Con respecto a la Cruz, podemos pensar que la Cruz no fue necesaria pues Cristo podría haber muerto de otra manera; sin embargo, la muerte de Cristo en cruz fue necesaria. Analicemos dos aspectos:
a) Aspecto histórico: Cristo, al ser condenado a muerte, debía morir en cruz. Ése era el modo de muerte para un judío.
b) Aspecto teológico: La muerte de Cristo en la Cruz fue la conclusión de las profecías del Antiguo Testamento. Los profetas veterotestamentarios anunciaron la muerte del Mesías: por ejemplo, David predijo que el Mesías sería crucificado, mil años antes de Cristo, cuando la crucifixión, en tiempos del rey David, no se conocía, ya que la comenzaron a usar los romanos siglos más tarde. En Isaías leemos: "Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y por sus llagas hemos sido curados" (Is 53, 5).
Vemos que la muerte de Cristo fue totalmente necesaria para la salvación del Hombre. Agradezcamos a Dios por habernos dado a Su Hijo para nuestra salvación.

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